Valle Orejuela, bordadora sevillana

La felicidad se viste de gitana

Fotos, Valle Orejuela. En la fotografía superior, en un desfile de mantones celebrado en la Diputación de Sevilla en el cual participó como modelo, en colaboración especial con Adi Magro, del establecimiento comercial Nino Modas.

Bordadora orgullosa de su tierra sevillana, Valle Orejuela aprendió a bordar a los veinte años. Dolores, su mentora, le transmitió todo su saber con una ternura y una paciencia que aún hoy en día Valle recuerda con cariño. Los comienzos fueron difíciles pero no mermaron su creciente amor por una disciplina que le ha permitido expresar toda su creatividad. Mantones y trajes de gitana son parte de las especialidades de una artesana que disfruta con cada una de las miles de puntadas de felicidad de las que se componen sus creaciones. Impregnadas, todas ellas, de su querencia por la tierra que la vio nacer. «Soy de Sevilla y estoy muy orgullosa de mi tierra, donde la gente buena abunda y el arte se lleva en la sangre», sostiene.

(Si te gusta el trabajo de Valle, puedes ponerte en contacto con ella en su teléfono 638447932 o a través de su perfil de facebook)

Almazuelas Colgadas (II): Marga Barrio y la reutilización textil

Retazos de vida que albergan el alma de nuestras antepasadas

Foto de la galería: Noemi Martínez Pérez.

El murmullo de voces del pasado que emanan los retales de las almazuelas llamó a la burgalesa Marga Barrio, hace más de veinte años, a unirse a una tradición de hondas raíces riojanas. El destino tenía reservado a esta artesana, participante habitual en la fiesta de las Almazuelas Colgadas de Pradillo de Cameros, un emotivo camino que le ha llevado a la obtención de galardones internacionales. Una senda que hoy comparte con muchas artesanas, como aquellas que la precedieron, cuya memoria honra con respeto y trabajo.

Las almazuelas entraron con fuerza en la vida de Marga Barrio. Unas mantas de patchwork típicas de la sierra riojana que la conmovieron profundamente. Estas colchas están compuestas de rectángulos de tela que albergan una ancestral sinfonía de historias que llega al presente a modo de máquina del tiempo textil. Y es que en cada centímetro de manta palpitan las almas de madres, abuelas y bisabuelas que, tras largos días de duro trabajo, se sentaban al abrigo del hogar a coser retales y recuerdos.