Martina en el País de las Hadas (XLI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Cuando Nieves tomaba una decisión, nadie en el mundo podía hacerle cambiar de opinión. Ni su maestra, ni sus tías, ni su padre… nadie salvo su madre y su abuela.

La influencia que ambas mujeres habían tenido sobre ella no había menguado con el paso de los años. Hecho del que fue plenamente consciente la noche anterior. La joven tejedora aún no podía creer lo que había sucedido hacía unas horas.

Martina en el País de las Hadas (XL)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La aplicada muchacha de montaña había decidido dejar de estudiar. A pesar de que era la mejor de su escuela, que estaba destinada a ser la sucesora de la actual maestra, Nieves pensó que su obligación era atender a su familia.

La tejedora más conocida del pueblo de montaña en el que vivía le comunicó a la maestra su decisión. A la mentora de la chiquilla le dio un vuelco el corazón cuando escuchó de boca de su favorita que abandonaba su proyecto de convertirse en maestra. Únicamente acertó a pedirle que se diera un tiempo para pensar, que hablara con su padre para ver si realmente necesitaba que Nieves dejara de estudiar para atenderle.

Martina en el País de las Hadas (XXXI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El cuarto de costura de Nieves se congeló cuando la chica escuchó de boca de su hermano que había visto a la madre de ambos en forma de hada el día de su primera comunión. Atónita, dejó caer de sus manos la blanca labor en la que se hallaba inmersa y miró con ternura a José Luis.

De pronto volvía a tener cinco años y una ilusión a prueba de bombas. Hasta la fecha, la única persona que había creído firmemente en la historia de la mamá fallecida que se aparecía en forma de hada, era Nieves. La abuela de ambos la apoyó sin rechistar cuando le confesó su visión. Pero con el tiempo y la madurez la muchacha se dio cuenta de que fue el amor lo que llevó a Purificación a proponerle la confección de una manta en honor a esa hada tan bonita. Nieves se había dado cuenta de que su abuela no creía en la historia, pero la animó por cariño.