Martina en el País de las Hadas (LI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Después de su encuentro casual con el pastor del pueblo, Nieves comenzó a pasear con él todos los domingos. Sebastián era un hombre paciente y respetuoso, con un alma sensible capaz de abordar cualquier tema que ella le planteara.

La semana era ligera ahora que esperaba la llegada del domingo con ilusión. Cada día se levantaba temprano para ver desde la ventana de su habitación cómo su padre le entregaba el ganado al pastor, antes de que ambos se dirigieran a sus obligaciones en el campo. En el momento en el que Ricardo le daba la espalda a Sebastián, éste alzaba su mirada hacia la habitación de la chica y la saludaba con una sonrisa y un gesto de sombrero.

Martina en el País de las Hadas (L)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves se sorprendió tanto al encontrarse de bruces con el chico que llenaba su corazón que tuvo la osadía de invitarle a sentarse con ella. La visita de su madre y su abuela la noche anterior en forma de hadas había ablandado su corazón y derribado la coraza que alzaba para defenderse de sus debilidades.

Sebastián se sorprendió por el ofrecimiento, pero aceptó sin pensárselo dos veces. La maestra estaba tejiendo. Se veía muy hermosa rodeada de lanas y con la mirada baja atenta a su labor. Esa era la estampa que había imaginado todos esos años en los que había tenido a Nieves en la mente. Desde que llegó a su conocimiento el relato de una niña que tejía una manta para honrar la memoria de su mamá, el pastor había pensado mucho sobre cómo sería esa chica.

Martina en el País de las Hadas (XLIX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves se despertó renovada la mañana posterior a la visita de su madre y su abuela en forma de hada. La paz que sentía llenaba todos los rincones de su cuerpo. Pensaba con mayor claridad.

Era domingo, la mañana posterior a la romería del pueblo. La maestra se levantó, se aseó y bajó a colaborar en la preparación del desayuno con sus tías, que ya se encontraban atareadas en la cocina.

Después del desayuno, durante el cual consiguió escapar de miradas socarronas e inquisitivas, decidió ir a la plaza a tejer. El día se había levantado caluroso: era un gran momento para coger su labor y ser feliz.