Ovillada fabrica complicados amigurumis desde hace apenas un año
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Los amigurumis de Ovillada o el arte que emergió por azar

El universo amigurumi lleva tan solo un año en su vida pero ya le ha proporcionado grandes momentos. Naiara Serrano, mas conocida como Ovillada, se inició en el ganchillo por casualidad hace doce meses, y sus creaciones ya pueden verse por todos los rincones de la península. Carteras, bolsos, y amigurumis son parte de los más de ochenta trabajos que ha realizado hasta la fecha, en una actividad que no para de crecer, y que surgió gracias al descubrimiento de una disciplina que ha aprendido en un tiempo record y que en apenas un año le ha llevado a elaborar complejas y bellas creaciones.

Ovillada surgió en la localidad vizcaína de Santurtzi, municipio marinero que cada día inspira a su impulsora. La brisa del mar, el trajín marinero del puerto, el apetitoso olor a sardinas asadas, son elementos que configuran un escenario privilegiado que invita a sentarse a disfrutar de la vida. Y del ganchillo. De hecho, Naiara ya se ha animado a salir a las calles de la localidad que la vio nacer a confeccionar sus amigurumis. “Lo que más me frenaba era que cómo hago los muñecos con patrón, tenía que sacar muchas cosas a la calle. Pero como justo tenía que hacer una cosa que era recta, había quedado con una amiga y no me apetecía esperar en casa, pensé en aprovechar para salir porque tenía todas las circunstancias a favor. Me daba vergüenza, pero me puse en un banco y me cundió mucho”, relata Naiara sobre su primera experiencia como tejedora fuera de su casa.

A pesar de que ahora se anime a tejer en la calle, sus comienzos fueron más hogareños. De hecho todo comenzó con unas llamativas carteras confeccionadas en ganchillo y anillas de lata reutilizadas que captaron la atención de su entorno más cercano. “Yo no sabía hacer ganchillo. Cuando que me quedé en el paro empecé a buscar cosas para hacer en mi tiempo libre, para llenar tantas horas y una de esas cosas fue el ganchillo. Podía haber sido ganchillo, o podía haber sido origami”, explica Naiara. “Empecé a utilizar las anillas de las latas para hacer carteritas y bolsos, pero para mi, para entretenerme. Una vez, haciendo un curso, los compañeros empezaron a preguntarme por las carteras que llevaba. Cuando les decía que las había hecho yo, me pedían que les hiciera una”, recuerda. Hasta que un día me dijo una compañera, que ya que hacía ganchillo, si podía hacerle un muñeco a su hijo. Me dije, voy a intentarlo. Le hice un dinosaurio, pensé que no le iba a gustar, pero cuando lo vio me dijo que era muy bonito. Entonces puse una foto del dinosaurio en mi facebook personal”, comenta la creadora de Ovillada. Ese fue el pistoletazo de salida. El simpático amigurumi llamó mucho la atención de sus conocidos, y los encargos crecieron sin parar, así que se dispuso a tejer dinosaurios “como si no hubiera un mañana” ironiza Naiara al tiempo que esboza la grata sonrisa con la que muestra su sentido del humor.

A raíz del éxito de los dinosaurios de ganchillo, sus allegados le animaron a subir fotos a facebook con todas sus creaciones. De esta manera surgió Ovillada, la página de facebook que Naiara emplea como escaparate de sus obras y como punto de encuentro entre sus satisfechos clientes. Entre ellos, aficionados al heavy metal que le han encargado multitud de “llaveros manicuernos” como Ovillada los denomina, unas pequeñas manitas que emulan el tradicional saludo rockero popularizado por el fallecido Ronnie James Dio.

El llavero es uno de los muchos encargos a medida que Ovillada recibe. De entre sus numerosos pedidos, uno de los que recuerda con mayor cariño es un muñequito diseñado por una niña. “Una persona me mandó un dibujo que había hecho su hija para que se lo hiciera a ganchillo. La niña, entre que no se lo esperaba y que era un monstruo que había diseñado ella, estaba alucinada. A mi eso me encanta. Cuando me mandan las fotos de los niños abrazadillos a los muñecos y me dicen que duermen todas las noches con él… eso me encanta, y pienso que con eso he ganado todo”, apunta emocionada.

Dinosaurios, llaveros, carteras, amigurumis a medida… hasta llegar a los más de 1.500 seguidores en el perfil de facebook de Ovillada. “De repente, más de 1.500 personas me siguen, gente que no conozco me pide consejo…”, expresa con sorpresa. Y es que la comunidad digital de costureras y tejedoras ha recuperado, a lo grande, las tradicionales reuniones en las que costureras y tejedoras compartían conocimientos. “Estoy en varios grupos de facebook de ganchillo y te ayudan mogollón, te dan consejo, te mandan enlaces con vídeos, te dan ánimos… son gente que no conoces de nada pero que te ayuda”, afirma.

Estas comunidades que existen en internet para el aprendizaje mutuo han sido fundamentales en el desarrollo de Ovillada, puesto que en el entorno de Naiara no existía tradición tejedora. En tales foros puede obtener y compartir patrones, que normalmente varía para añadir su toque personal. Tal es el caso de otro de sus productos estrella, los marcapáginas. “Hice un día un marcapáginas de una rata que colocada en el libro parece que está aplastada. Es supergraciosa. Se lo hice a un chico que hace tiempo me regaló un montón de relleno para los amigurumis. Pensé en hacerle algo y como su madre tiene una librería dije, ya está, y le hice el marcapáginas de rata”, recuerda. Del marcapáginas de rata Naiara pasó a inventar otros con otros protagonistas, como mariquitas, ranas y gatos, que le iban encargando sus clientes.

Los pedidos que Ovillada recibe son cada vez más numerosos, pero su creadora reconoce que con esta actividad resulta complicado llegar a completar un sueldo. “Si haces un cálculo igual te sale la hora a 60 céntimos” ironiza con una sonrisa. El suyo es un trabajo que surgió como una afición, pero que realiza motivada por el placer del reto. Y que de paso, le ha ayudado en otros aspectos de la vida. “Me ha venido bien para no morderme las uñas y para tener un poco más de paciencia”, comenta con su imborrable sentido del humor.

Sea como fuere, lo cierto es que Naiara en poco más de un año ha creado una bonita comunidad en la que gracias al ganchillo, consigue hacer realidad los divertidos sueños de los que la rodean. Con la simpática sencillez con la que explica el nacimiento y crecimiento de Ovillada y con la desembocadura de la Ría del Nervión-Ibaizabal como escenario, Naiara se encamina hacia el futuro con ilusión y con la satisfacción del trabajo bien hecho. Del pequeño dinosaurio hasta el infinito. ¡Suerte, Ovillada!

Puedes ver el trabajo de Ovillada en su página de facebook @ovilladasanturtzi

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