Museo do Encaixe de Camariñas

Encajes de más de 200 años mecidos por la brisa del mar

Fotos de la galería: Museo do Encaixe de Camariñas.

Encajes de más de 200 años de antigüedad son parte del cerca de millar de piezas que atesora el Museo do Encaixe de Camariñas, situado en la provincia gallega de La Coruña. Una localidad marinera ligada históricamente al encaje de bolillos y que desde hace 26 años celebra la Mostra do Encaixe de Camariñas, a la cual acuden diseñadores consagrados como Debota&Lomba.

Esta localidad gallega ha vivido siempre unida a la confección del encaje de bolillos, uno de los sectores más importantes de su economía. «En Camariñas desde siempre el encaje forma parte de la vida de sus mujeres», explica Elba Ferrín, una de las encargadas del museo.

«Antes las niñas aprendían este arte en sus casas con sus abuelas y sus madres, y desde hace más de 20 años el ayuntamiento pone a disposición de todas estas niñas una actividad extraescolar para aprender a hacer encaje, desde los cinco añitos. Hay sobre 50 niñas, todos los años», comenta.

Martina en el País de las Hadas (I)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El sonido de la rueca adormecía a la pequeña Nieves. Le gustaba colarse sin ser vista en la habitación en la que su abuela Purificación solía sentarse a hilar. La lana se enroscaba sin fin por entre la maquinaria, mientras su abuela perdía sensibilidad en sus dedos de tanto prensar las fibras con ellos.

En aquellos años, en los que solamente la radio les unía al exterior, la tranquilidad era la clave de la vida de la pequeña Nieves. El pequeño pueblo de montaña en el que vivía ofrecía todo lo que una niña necesita. Montones de amigos, amorosas tías, el verdor del campo… y su mamá.

Nieves adoraba a su mamá. La madre de esta niñita era modista. Había trabajado cosiendo trajes para gentes de mejor fortuna hasta que conoció a su compañero. Pronto se casaron y tuvieron a Nieves. Un nombre muy apropiado para una chica de montaña. Montes que pasan meses cubiertos del blanco nombre que la identifica.

Pero desde que se casó solamente cosía para casa. Martina, que así se llamaba la mamá de Nieves, se unía a Purificación, en tardes de hilado y costura. Venían las vecinas, que de tanto que compartían eran ya hermanas, y cosían y tejían juntas. Estas charlas vespertinas alrededor de la mesa, con los pies junto al brasero, eran el momento favorito del día para la niña.

Las conversaciones que la pequeña oía de modo furtivo trataban temas mundanos: ha nacido el hijo de tal familia, tal señora pronto quitará el luto, que ganas de que llegue la navidad para asar un buen cordero… Nada del otro mundo, pero a Nieves le encantaban. Le encantaban, en pasado. Porque ese año las charlas se transformaron en tristes miradas, en el mes en el que Martina enfermó del corazón.

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