Martina en el País de las Hadas (XXII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El estruendo que la pequeña caja de fotografías hizo al caer al suelo alertó a la familia de la pequeña Nieves. Su padre corrió hacia las escaleras al darse cuenta de que su hija no estaba en la planta baja y que el ruido procedía del desván.

Ricardo subía los escalones de tres en tres. Ya no era un chiquillo, pero el susto que llevaba en el cuerpo le dotaba de una agilidad que creía perdida. Estaba aterrado. Desde que perdió a su esposa temía el dolor. Le horrorizaba la idea de que a sus dos pequeños les pasara algo malo. Se había transformado en un padre exigente y sobreprotector que velaba como un perro pastor por sus cachorros.

Martina en el País de las Hadas (XX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La tía Conchi había colocado a fuego lento un puchero con leche de vaca. Solía cocerla poco a poco, para extraer una gruesa capa de nata. Después la mezclaba con miel y la untaba en un buen pedazo de pan. Esa era la merienda habitual de Purificación, y Nieves solía esperar a que a su abuela le sobrara un poco para tomar algo de esa merienda tan buena. La abuela la veía por el rabillo del ojo y sonreía internamente, mientras cedía los últimos bocados de la merienda a su pequeña Nieta.

Una niña que no podía estar más nerviosa. Faltaban solamente unas horas para su primera comunión. La pequeña había cumplido nueve años, por lo que casi había duplicado la edad con la que había perdido a su mamá. Apenas recordaba su rostro, pero después de cuatro años aún no había reunido el valor para contemplar su fotografía.