Almazuelas Colgadas (II): Marga Barrio y la reutilización textil

Retazos de vida que albergan el alma de nuestras antepasadas

Foto de la galería: Noemi Martínez Pérez.

El murmullo de voces del pasado que emanan los retales de las almazuelas llamó a la burgalesa Marga Barrio, hace más de veinte años, a unirse a una tradición de hondas raíces riojanas. El destino tenía reservado a esta artesana, participante habitual en la fiesta de las Almazuelas Colgadas de Pradillo de Cameros, un emotivo camino que le ha llevado a la obtención de galardones internacionales. Una senda que hoy comparte con muchas artesanas, como aquellas que la precedieron, cuya memoria honra con respeto y trabajo.

Las almazuelas entraron con fuerza en la vida de Marga Barrio. Unas mantas de patchwork típicas de la sierra riojana que la conmovieron profundamente. Estas colchas están compuestas de rectángulos de tela que albergan una ancestral sinfonía de historias que llega al presente a modo de máquina del tiempo textil. Y es que en cada centímetro de manta palpitan las almas de madres, abuelas y bisabuelas que, tras largos días de duro trabajo, se sentaban al abrigo del hogar a coser retales y recuerdos.

Almazuelas Colgadas (I): arte y tradición mecidas por el aire de la sierra

Homenaje en patchwork al legado textil de nuestras abuelas

Fotos de la galería e interiores: Noemi Martínez Pérez.

Más de medio millar de personas disfrutaron en Pradillo de Cameros de la fiesta de las Almazuelas Colgadas, evento dirigido a llevar del hogar al espacio público una ancestral técnica anterior a lo que hoy se conoce como patchwork. La fiesta, que celebra una tradición textil muy arraigada en la sierra riojana, contó con la presencia de artesanas premiadas internacionalmente como Eva Berrade, Marga Barrio o María Antonia Narro.

La fiesta de las Almazuelas Colgadas se celebra desde hace siete años en la localidad riojana de Pradillo de Cameros. El evento trata de visibilizar un trabajo que no solía traspasar las barreras del hogar. Y para honrarlo, los vecinos cuelgan más de 600 almazuelas o colchas de los balcones y ventanas de las casas, a modo de improvisado museo al aire libre. La piedra de las viviendas como lienzo y la montaña como marco de unas obras textiles que transforman el aprovechamiento de recursos en arte.