Martina en el País de las Hadas (XX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La tía Conchi había colocado a fuego lento un puchero con leche de vaca. Solía cocerla poco a poco, para extraer una gruesa capa de nata. Después la mezclaba con miel y la untaba en un buen pedazo de pan. Esa era la merienda habitual de Purificación, y Nieves solía esperar a que a su abuela le sobrara un poco para tomar algo de esa merienda tan buena. La abuela la veía por el rabillo del ojo y sonreía internamente, mientras cedía los últimos bocados de la merienda a su pequeña Nieta.

Una niña que no podía estar más nerviosa. Faltaban solamente unas horas para su primera comunión. La pequeña había cumplido nueve años, por lo que casi había duplicado la edad con la que había perdido a su mamá. Apenas recordaba su rostro, pero después de cuatro años aún no había reunido el valor para contemplar su fotografía.

Martina en el País de las Hadas (XIX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La comunión de Nieves sería el próximo domingo y esa tarde había decidido repasar su vestido con su abuela Purificación en la búsqueda de fallos que solventar. La niña se probó el trajecito. Al contemplarla, su abuela pensó que esa niña era un hada bella, tal y como lo era Martina, la difunta madre de la pequeña.

Durante la búsqueda de errores de confección, Nieves encontró varios fallos que no quiso dejar pasar, así que se sentó junto a su abuela en silencio. Tomó una aguja con sus manos, buscó el hilo adecuado, y comenzó a reparar los descosidos.