Martina en el País de las Hadas (XXVI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Los dos brazos de Nieves sostenían una madeja de lana blanca que Purificación estaba transformando en un práctico ovillo. La chica iba moviendo los brazos al compás de los movimientos de su abuela, de modo que facilitaba su labor, aunque la tarea la sumía en un profundo sopor.

Mientras se dedicaba a una tarea que tanto la aburría, la chica se perdía en sus pensamientos de adolescente. Por un lado, trataba de diseñar mentalmente otro cuadradito para la manta que tejía en honor a Martina, su fallecida madre. Por otro, pensaba en un chico muy guapo de su clase que la sonrojaba con solo mirarla. Y por otro, recordaba las palabras de su maestra cuando la animó a continuar con sus estudios.

Martina en el País de las Hadas (XXV)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Era domingo por la mañana y la tía Conchi se afanaba en la preparación del desayuno.

—Si me pasas la harina hacemos unas «Ferminas» para desayunar.

A la tía le apetecía tomar «Ferminas», una especie de buñuelos que se había inventado una de sus hermanas, y que llevaban el nombre de la autora. Esas bolitas de harina fritas en abundante aceite eran el desayuno favorito de Nieves, así que obedeció a su tía sin pensárselo dos veces.