Martina en el País de las Hadas (L)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves se sorprendió tanto al encontrarse de bruces con el chico que llenaba su corazón que tuvo la osadía de invitarle a sentarse con ella. La visita de su madre y su abuela la noche anterior en forma de hadas había ablandado su corazón y derribado la coraza que alzaba para defenderse de sus debilidades.

Sebastián se sorprendió por el ofrecimiento, pero aceptó sin pensárselo dos veces. La maestra estaba tejiendo. Se veía muy hermosa rodeada de lanas y con la mirada baja atenta a su labor. Esa era la estampa que había imaginado todos esos años en los que había tenido a Nieves en la mente. Desde que llegó a su conocimiento el relato de una niña que tejía una manta para honrar la memoria de su mamá, el pastor había pensado mucho sobre cómo sería esa chica.

Martina en el País de las Hadas (XLIX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves se despertó renovada la mañana posterior a la visita de su madre y su abuela en forma de hada. La paz que sentía llenaba todos los rincones de su cuerpo. Pensaba con mayor claridad.

Era domingo, la mañana posterior a la romería del pueblo. La maestra se levantó, se aseó y bajó a colaborar en la preparación del desayuno con sus tías, que ya se encontraban atareadas en la cocina.

Después del desayuno, durante el cual consiguió escapar de miradas socarronas e inquisitivas, decidió ir a la plaza a tejer. El día se había levantado caluroso: era un gran momento para coger su labor y ser feliz.

Martina en el País de las Hadas (XLVIII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Las romerías que el pueblo de Nieves organizaba en honor a diferentes santos y santas eran los días favoritos de sus habitantes. A los viejos les alegraba el corazón y a los muchachos y muchachas les brindaba la oportunidad de cortejarse en un contexto en el que sentían que eran libres de hacerlo sin la mirada crítica de los padres.

La maestra del pueblo era demasiado mayor para necesitar el consentimiento de nadie para bailar o recibir el flirteo de algún hombre. Pero lo cierto es que no hacía ni lo uno ni lo otro. Únicamente bailó con hombres de su círculo de confianza, pero por supuesto, rechazó a Sebastián. El pastor no insistió y dejó a Nieves con sus allegados. La romería terminó y todos se fueron a sus casas a cenar y dormir.