Martina en el País de las Hadas (XXXVI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El cuarto de costura  estaba abarrotado de obras inconclusas. Días después la muerte de Purificación, su nieta Nieves se había armado de valor para ir guardando todos los tapetes y prendas de ganchillo que su abuela no había podido finalizar.

Cada vez que tomaba entre sus manos una de esas obras de arte que solamente su abuela sabía tejer, el olor de Purificación salía despedido y abarrotaba las fosas nasales de Nieves. Y a cada bocanada de abuela que respiraba, la asaltaba un interminable llanto reparador.

Martina en el País de las Hadas (XXIV)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Las labores tienen algo hipnótico que a Nieves siempre le habían recordado al santo rosario. La monotonía de la acción mecánica, tanto del rezo como de las labores, la llevaba aun estado en el cual su mente se vaciaba de pensamientos innecesarios. El recuerdo inconsciente de las tareas y situaciones cotidianas desaparecía y a su mente llegaban pensamientos más seleccionados.

Nieves estaba tejiendo una larga hilera de puntos iguales en ganchillo. Una actividad repetitiva que le había ayudado a centrar su cabeza en un solo pensamiento: la llegada de la pubertad. Esa misma mañana la pequeña había menstruado por primera vez, pocos días después de su duodécimo cumpleaños.