Martina en el País de las Hadas (XXIII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El pueblo entero abarrotó la iglesia el día de la primera comunión de los niños que ese año cumplían nueve años. Y entre ellos estaba Nieves, una niña renovada que había confeccionado, cosido y bordado con sus propias manos el vestido que lucía para tan importante día.

La ceremonia comenzó y la muchacha repitió de manera automática todos los pasos que había memorizado. Levantarse, sentarse, arrodillarse… sabía de memoria cada fase de la misa, así que tenía tiempo para otear la iglesia en busca de su hada-mamá.

Martina en el País de las Hadas (XXI)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves se encaminó al desván de la casa familiar con el deseo de volver a contemplar el rostro de su fallecida madre. Hacía ya cuatro años que se había ido y desde entonces no había cejado en su empeño de honrarla mediante la confección de una manta en su honor.

Mañana celebraría su primera comunión y necesitaba recordarla. El corazón de la niña confiaba en que su madre, transformada en hada años atrás, acudiera a la iglesia para acompañarla. Pero temía no reconocerla, le horrorizaba la idea de equivocarse de entidad si en lugar de su madre acudiera otra hada curiosa a ver la ceremonia.

Por ello la niña de montaña se acercó a las escaleras y comenzó a subirlas con cuidado, para no hacer un ruido que alertara a su familia. Aunque nadie le había impedido acceder a la caja de las fotografías, ella sentía que hacía algo prohibido.

Un torbellino de recuerdos se agolpaba en su mente mientras la sangre martilleaba su cabeza a causa del temor. Un miedo primario a ser descubierta ralentizaba su paso al tiempo que su voluntad de hierro luchaba en contra de sus temores y le permitía llegar a su destino.

Abrió la puerta del desván. Encontró la caja con la mirada. Su parálisis se incrementó durante un breve instante. Pero cedió ante su profundo deseo de ver a su madre.

Tomó el objeto con sus manos y retiró la tapa. Lo que no esperaba Nieves era que la primera fotografía con la que se toparía sería precisamente la del día de la boda de sus padres. Allí estaba ella. La madre necesaria, la que tanto añoraba, la que tras su marcha prematura había cambiado su vida para siempre.

La caja se escurrió de entre sus deditos en el mismo instante en el que comenzó a llorar de alegría.

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¡Felices labores!