Martina en el País de las Hadas (XXVIII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves no sabía si reír o llorar. ¡Su padre la dejaba estudiar! Y además ponía la decisión en sus manos. De todas las respuestas posibles, esa era la última que esperaba de Ricardo.

Una sensación de vértigo inundó su estómago. Nieves, a sus doce años, era libre de decidir su destino. La enorme responsabilidad que había caído sobre ella le pesaba tanto que comenzó a tejer sin pensar, con el objetivo de aliviar su miedo.

Martina en el País de las Hadas (XXVII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El montón de cuadraditos de la manta que tejía en honor a su fallecida madre era enorme. Prácticamente tenía todos los que necesitaba, y ya apenas deshacía los cuadrados que llevaba tejiendo desde los cinco años. Y es que Nieves tenía una necesidad de perfección que la obsesionaba, hasta el límite de llevar una vida dedicada a un solo proyecto.

Eran ya siete años de trabajo en una sola manta, faena que no quería terminar. La unión con ese proyecto la mantenía en contacto con una madre que cada día necesitaba más. El corazón y la mente de Nieves estaban llenos de unas dudas que solamente una madre puede resolver. La muchacha pensaba que el tiempo curaría esa necesidad de madre que tenía pero, lejos de atenuarse, cada día era mayor.