Martina en el País de las Hadas (XXIII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El pueblo entero abarrotó la iglesia el día de la primera comunión de los niños que ese año cumplían nueve años. Y entre ellos estaba Nieves, una niña renovada que había confeccionado, cosido y bordado con sus propias manos el vestido que lucía para tan importante día.

La ceremonia comenzó y la muchacha repitió de manera automática todos los pasos que había memorizado. Levantarse, sentarse, arrodillarse… sabía de memoria cada fase de la misa, así que tenía tiempo para otear la iglesia en busca de su hada-mamá.

Martina en el País de las Hadas (XX)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La tía Conchi había colocado a fuego lento un puchero con leche de vaca. Solía cocerla poco a poco, para extraer una gruesa capa de nata. Después la mezclaba con miel y la untaba en un buen pedazo de pan. Esa era la merienda habitual de Purificación, y Nieves solía esperar a que a su abuela le sobrara un poco para tomar algo de esa merienda tan buena. La abuela la veía por el rabillo del ojo y sonreía internamente, mientras cedía los últimos bocados de la merienda a su pequeña Nieta.

Una niña que no podía estar más nerviosa. Faltaban solamente unas horas para su primera comunión. La pequeña había cumplido nueve años, por lo que casi había duplicado la edad con la que había perdido a su mamá. Apenas recordaba su rostro, pero después de cuatro años aún no había reunido el valor para contemplar su fotografía.