¡Feliz Navidad y feliz 2018!

De labores, almas y comadres

Foto: Photo by yvestown on Foter.com / CC BY-NC-ND

Cuando decidí lanzarme al blogging hace 18 meses, primero en www.costureras.info y posteriormente en www.lavozdelascostureras.com, quise buscar un sinónimo de la palabra, de “labores”.  Un término usado tradicionalmente para denominar de forma genérica al ganchillo, el bordado, el punto, los bolillos, la costura… Mi objetivo era encontrar un sinónimo actualizado de ese término mediante el cual todas las personas que practican estas disciplinas se sintieran cómodas: desde las más veteranas a las más jovencitas, desde las más clásicas a las que buscan otros motivos o formas estéticas.

Sin embargo, a lo largo del año y medio en el que he estado charlando con tantas mujeres, y tan diferentes, al menos en apariencia, me he dado cuenta de que me he reconciliado con la palabra “labores”. Después de 18 meses de trabajo me caído en cuenta de que lo de menos es la palabra, la forma, el continente. De lo que quiero hablar es del contenido, de las personas, de sus motivaciones y deseos. Cada cual puede denominarlas como desee: hay quien habla de “crochet”, otras de “ganchillo”, las hay que hacen “knitting” mientras otras prefieren hacer “punto”… qué más da. Todas hacen exactamente lo mismo: buscan en las disciplinas textiles tradicionales un modo de expresión artística y personal, paz y socialización.

Martina en el País de las Hadas (XLVII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

El nuevo pastor se llamaba Sebastián. Por algún motivo ese nombre volvía a la cabeza de Nieves cada cierto tiempo y la distraía un poco. La maestra del pueblo había conocido a un hombre que conseguía sonrojarla.

Cada día, antes de que ella fuera a la escuela, el pastor pasaba por la casa de la familia de Nieves y recogía el ganado para llevarlo al monte. Era un momento que ella esperaba y evitaba a partes iguales, puesto que con ese muchacho que no conocía tenía sentimientos encontrados.

Martina en el País de las Hadas (XLIV)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La maestra tejedora del pueblo vivía tranquila su nueva ventura. La montaña que había forjado el sino de todos los habitantes de la región se mostraba generosa con los bienes que ofrecía y nadie sufría ninguna adversidad. Nieves no podía pedirle más a la vida.

La chica había decidido enseñar a tejer y coser en la escuela en horario extraescolar. De este modo, los chicos y chicas que lo desearan, podían adquirir unas destrezas útiles que les servirían también como vehículo de emociones.