Alba Gador, aprendiz de Maestros de la Costura - La Voz de las Costureras
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Alba Gador, aprendiz de Maestros de la Costura

«Berlín es la democratización de la moda en toda su mejor definición»

Fotos: RTVE y Alba Gador.

El Manga japonés, la ciencia ficción y el Galiano más libre son parte del cócktel de su inspiración. Así se presenta el estilo de Alba Gador, almeriense de 29 años que resultó expulsada en el primer programa de la segunda edición de Maestros de la Costura. Una mujer que, con apenas 22 años, se puso el mundo por montera y decidió probar suerte en Berlín, ciudad en la que vive desde hace siete años y en la que vende sus creaciones en mercados de artesanía. Alba estudió Diseño en el IED, cose desde los 16 años y sueña con un resurgir de la confección de ropa gracias a una toma de conciencia social sobre los efectos del actual modelo de consumo.

LA VOZ DE LAS COSTURERAS: Muchas personas que han empezado a coser y diseñar lo hacen motivadas por una historia familiar bonita: el recuerdo de una abuela que pasaba horas con el traqueteo de la máquina de coser, una madre que esperaba a la noche, cuando los niños dormían, para hacer los arreglos de la ropa de la familia… ¿qué te llevó a coser?

ALBA GADOR: Desde que tengo uso de razón, mi madre nos ha hecho la ropita, tanto a mis hermanos como a mí. Siempre que teníamos un evento importante ella se tiraba las noches enteras para realizar sus propios diseños. Muchas veces yo le acompañaba e intentaba ayudar, aunque creo que molestaba más que otra cosa :). Aun así, nunca me dijo nada y me dejaba estar allí haciendo mis cosillas. Recuerdo que, lo que más me gustaba, era cuando llegaba carnavales y mi madre participaba en una comparsa con sus amigos. Ella era la encargada de diseñar los disfraces, de ahí viene mi amor por las telas brillantes y fantasiosas, es lo que he mamado desde bien pequeña.

L.V.C.: ¿Cómo aprendiste a coser?

A.G.: La teoría la aprendí en el IED, pero la práctica ha sido con mi madre. Al salir de la Universidad, un poco verde fui, a casa de mis padres y cosimos la tesis juntas. Patronamos y cosimos y ahí resolví un millón de cuestiones.

‘La Estrellas’

Parte de la colección que Alba Gador para su tesis. “Estudié 2 años de Diseño en el IED, quedándome pendiente solo el último año donde se llevaba a cabo la tesis. Que no fuera a la Universidad no me quito la idea de tener una tesis, así que realicé una por mi cuenta, para tener algo que presentar al mundo. La colección estaba inspirada en una baraja tarot del art nouveau, parte de ella es el abrigo azul eléctrico que llevo en la entrada del programa. Esta pieza, que bauticé como ‘La Estrellas’, lleva el mejor bordado que he realizado hasta la fecha. Yo solo había visto a mi amiga Marta bordar, pero me enseñó lo justo y necesario para que yo pudiera seguir por mi cuenta“, explica la concursante. Fotos: Alba Gador.

‘La Estrellas’, pieza de la colección que Alba Gador presentó en su tesis.

‘La Estrellas’, pieza de la colección que Alba Gador presentó en su tesis.

L.V.C.: Llevas 7 años en Berlín “buscándote la vida”, trabajando, vendiendo en mercadillos… Vivir en el extranjero, lejos de lo que resulta familiar, es una experiencia que transforma al ser humano. ¿Qué hay de la Alba que fue a Alemania y qué hay de nuevo en ti después de esta experiencia? A nivel creativo… ¿qué aporta Berlín que no hubieras tenido en España?

A.G.: De la Alba que emigró quedan el amor por la comida y el buen vestir, la sonrisa diaria a pesar de los problemas y ese ‘Olé’ que se me escapa más de lo que me gustaría reconocer. Desde que vivo en Berlín he aprendido la independencia mental y la paciencia, y que, en la moda, los cánones de belleza tradicionales están sobrevalorados. En Berlín prima más la actitud y la personalidad que tu tallaje y la marca de tu jersey, es la democratización de la moda en toda su mejor definición.

L.V.C.: ¿Qué significan para ti tener la capacidad de elaborar prendas, de vestirte como quieres y vestir a otros?

A.G.: Tener la capacidad de elaborar prendas, para mí, es como tener un súperpoder. La ropa para la mayoría de la gente será una cosa banal, pero para mí cada detalle en una prenda dice mucho de quien lo lleva, de su personalidad y de sus intenciones. Siento que, pudiendo jugar con estos elementos, puedes crear sensaciones tales como lo puede hacer un cuadro, donde una prenda te puede hacer desde reír hasta ganas de querer matar a alguien para conseguirlo 🙂 es un poder oculto.

L.V.C.: ¿Qué tiene el Galiano de Dior para que te atraiga a nivel creativo?

A.G.: No tiene límites, no tiene sentido del ridículo. Crea por el mero hecho de la belleza y la experimentación.

L.V.C.: Te inspiras también en el Anime, el Manga y la Ciencia Ficción. ¿Cómo sería una colección que mezclara estas disciplinas, cómo sería tu colección soñada?

A.G.: En mi colección soñada habría hasta zapatos. Zapatos imposibles con materiales tecnológicos, que recuerden a esos carteles de Tokio mezclado con mundos apocalípticos. Siempre haciendo honor a las formas del cuerpo y la vida de los materiales.

Alba Gador en un momento del primer programa

Alba Gador en un momento del primer programa. Foto: RTVE.

L.V.C.: Te gustaría vestir a Linda Evangelista o Gigi Hadid, un elemento más que da a entender tu gusto por aquello que se aleja de lo convencional. Hoy en día es plausible vestir como uno se siente más identificado: todo tipo de estilos, marcas, artesanía… ¿Es también plausible ganarse la vida con ello?

A.G.: Luchar contra las grandes marcas, a día de hoy, diría que no es rentable, pero veo que la sociedad está siendo cada día más consciente sobre lo que consume y su proceso. Así que esperemos que con los años las ventas de pequeñas firmas sean suficientes para crear empresas sostenibles con salarios justos. La confección de ropa, hoy en día, está infravalorada, por eso es un oficio que se está perdiendo, pero si aguantamos lo suficiente yo veo ese resurgir. Solo hay que concienciar más a la gente y poco a poco mejorará.

L.V.C.: Por las pinceladas que se vieron en el programa sobre tí, da la impresión de que, en Berlín, a pesar de la dureza de salir adelante en un país extranjero, pudiste vivir la vida elegida, vivir como tú querías, gracias entre otras cosas a la venta de tus creaciones en mercados.

A.G.: Para mí, no deja de ser como un trabajo cualquiera y tiene sus pros y contras. Es verdad que trabajo uno o dos días a la semana, que está fenomenal, pero ese día y la noche de antes son una paliza. No gano grandes cantidades de dinero, pero me basta para cubrir mis necesidades en Berlín, como cualquier otra persona, y lo mejor: soy mi jefa, yo decido cuánto y dónde trabajo, lo cual me ayuda a llevar mi marca en paralelo, que con otro trabajo regular no sería posible o tan cómodo.

L.V.C.: ¿Cómo te animaste a participar en Maestros de la Costura?

A.G.: Creo que una de las veces que bajé a Almería a visitar a mis padres estaba el programa emitiéndose y, aunque en el momento no le presté mucha atención, sí que cuando volví a Berlín pensé que sería bueno como compañía en las noches largas de costura. Y así lo hice, me lo vi enterito. Al tiempo descubrí que otros amigos de Berlín también lo veían y, cada vez que salía el tema, me decían: ‘tú, ¡ahí ganas! ¡¡Apúntate!!’. Sin creérmelo mucho, apliqué como el que echa una vez en su vida la lotería. No piensas que te vaya a tocar, pero habrá que probar y no quedarse con el gusanillo. Y aquí estoy :).

Alba Gador en la expulsión (primer programa)

Alba Gador en el momento de la expulsión. Foto: RTVE.

L.V.C.: ¿Con qué te quedas de tu paso por el programa? ¿Qué aprendizajes técnicos y personales te llevas?

A.G.: Me quedo con la experiencia de ver cómo funciona el mundo de la televisión y sus entretelas. Además, he aprendido que si eres tú mismo siempre mirarás atrás con felicidad y aprobación.

L.V.C.: Una vez fuera del concurso, y después de haber probado la televisión y la costura a otro nivel, ¿te gustaría desarrollar una carrera profesional en el ámbito de la costura como diseñadora, maestra de costura, blogger…?

A.G.: Por supuesto, ya lo estaba intentando antes de entrar a ‘Maestros de la Costura’, pero este era el golpe que me faltaba para tomármelo sin miedo. Ahora, sabiendo que hay gente dispuesta a ver lo que soy capaz de hacer, las ganas palpitan más fuerte y la ilusión me desborda. Y no tan solo con la costura, estilista o diseñadora, serían también opciones que me pondrían la chispa en la mecha.

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