Martina en el País de las Hadas, episodio tercero
Martina en el País de las Hadas

Martina en el País de las Hadas (III)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La rueca dejó de sonar. Las charlas de brasero se apagaron. Y su lugar lo ocupó el silencio.

Martina murió poco después del bautizo de su hijo pequeño. La fuerza del amor de madre le insufló la energía necesaria para aguantar hasta ese día. Y para arreglar el vestidito de su hija mayor.

Habían pasado días desde que todo sucedió. Pero la niña no se quitaba el vestido que le había hecho su mamá. Su padre, destrozado, no podía ni quería decirle nada. La veía con ese trajecito sucio y a su cabeza no llegaban argumentos de peso para convencerla para que se lo quitara.

La vida de Nieves, el bebé José Luís y Ricardo, su padre, se vino abajo. Martina era la luz que iluminaba la casa familiar, era la sonrisa serena y la caricia siempre disponible. Sin ella, se sentían al borde del abismo. Ya no había una mujer persiguiendo a sus niños metro en mano para tomar sus medidas, ya que según decía riendo, no paraban de crecer.

Las charlas de costura volvieron con el tiempo, pero siempre contenidas. Las amigas de Martina trataban de consolar a la mujer que le dio la vida con charlas intrascendentes. Pero Purificación se apagaba también, llena de tristeza.

—Una madre no debería sobrevivir a su hija—, musitaba de cuando en cuando.

Era cierto, pensaba Nieves, pero tampoco una hija debía perder a su mamá con apenas cinco años. La vida en la montaña era hermosa pero cruel. Se llevaba a la buena gente cuando menos te lo esperabas. Dejaba a unos pequeños sin el amor incondicional de su madre, y a un hombre desvalido sin el apoyo de su compañera.

La niña cada vez hablaba menos. Decidió ser mayor de repente. Quiso ocupar el hueco de su mamá en las charlas de tarde. Cogió una aguja y probó a enhebrarla y a introducirla por entre una tela. Ninguna de las personas que allí se reunía dijo nada. Siguieron con sus labores como si esa miniatura de mujer fuera la reencarnación de su querida amiga Martina.

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¡Felices labores!

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