Reportaje de Fademur sobre la solidaridad en tiempos del Covid-19 - La Voz de las Costureras
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Reportaje de Fademur sobre la solidaridad en tiempos del Covid-19

La solidaridad en los tiempos del coronavirus

Foto: Fademujr

En los pueblos, donde la mayoría de las personas se enmarca en los grupos de mayor riesgo al tener más de 65 años, se palpa el miedo y la incertidumbre frente al coronavirus, pero nace la solidaridad de una manera extraordinaria.

María Ignacia, Conchi y Merche son tres mujeres que, como cada día, prepararan sus máquinas de coser y se evaden de la realidad. Pero desde hace más de dos semanas no cosen para ellas mismas, lo hacen por pura bondad. Esta vez fabrican mascarillas para las personas que, por su trabajo, deben salir a las calles de unos pueblos y ciudades ahora desiertos.

La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales en Aragón (FADEMUR Aragón), que trabaja con mujeres rurales de toda la Comunidad Autónoma, observa la iniciativa, además de solidaria e importante, como «una forma de distracción, sobre todo para las personas mayores, quienes pueden terminar siendo las más perjudicadas al verse paralizadas la mayoría de sus actividades diarias», señala la presidenta de la organización, Esther Ibáñez.

Además, la iniciativa sirve para mantener a la familia unida, pues «uno de la familia corta las telas, otro hace los pespuntes y el último las cose a máquina», indica Ibáñez, que ayuda a su madre todas las tardes en la creación de las mascarillas.

María Ignacia es de Biota (Zaragoza), tiene 69 años y una actividad que ya es difícil de mantener a los cuarenta. Como cada día madruga, el día «se debe aprovechar», pero desde hace tres semanas no sale más allá de la puerta de su casa: «empecé la cuarentena antes de que se impusiera, dejé de ir a la coral porque lo vi como un foco de contagio muy grande».

Ahora pasa las horas entre sus nietos y la costura, «es algo que siempre me ha gustado y si es hacer algo para ayudar a los demás pues todavía lo hago con más esmero», manifiesta María Ignacia a FADEMUR Aragón.

María Ignacia en un video de la Comarca de las Cinco Villas mientras explica el proceso de creación de mascarillas. Foto: Fademur

Al principio le fue difícil entrar como voluntaria, «la Cruz Roja, que fue el primer anuncio que vi, estaban completos», así que se dispuso a hacer mascarillas a partir de «un tutorial del Clínico en YouTube y con sábanas que no iba a utilizar», para llevarlas a la Fundación Elvira Otal, en Ejea de los Caballeros, donde trabajó como auxiliar de geriatría los últimos ocho años antes de jubilarse.

A los pocos días se comenzaron a formar grupos en todos los pueblos de las Cinco Villas, impulsados por la Comarca. Ahora en Biota son catorce las mujeres que cada día fabrican unas doscientas mascarillas.

El alcalde del pueblo, Ezequiel Marco, se dedica todas las mañanas a recoger, puerta por puerta, las creaciones del día anterior que las mujeres cuelgan en la manivela, y en su lugar, les deposita más telas, ya cortadas, provenientes de la mercería de Pilar Bureta, en Ejea de los Caballeros.

María Ignacia, que no deja de coser desde que se levanta hasta que se acuesta, fabrica «las veinte mascarillas que salen con las telas que dejan», pero no es suficiente, y sigue con sus sábanas, «salen unas quince más». Una práctica que le ha llevado a realizar casi el millar desde que ella comenzó su confinamiento.

«Lo que hace una persona es poco, no tenemos la capacidad de hacer las cantidades de las grandes empresas, somos hormiguitas, pero muchas hormiguitas y granito a granito se hace una montaña», cuenta María Ignacia.

Conchi, por su parte, vive en Calamocha (Teruel), administrativa jubilada de 63 años ha encontrado en la fabricación de mascarillas una «distracción», en unos tiempos donde un virus ha robado la normalidad a toda la población.

Fue a través de la Asociación Contra el Cáncer, quienes instaron a los calamochinos a comenzar «la labor solidaria» en la que ahora está inmersa. El grupo ya venía cosiendo desde «hace tiempo» y cuando les llegó la petición de colaborar desde el Hospital Miguel Servet «no se lo pensaron». A Conchi la iniciativa le llegó a través de la Asociación de Mujeres de Calamocha.

Conchi calcula que fabrica «unas doce mascarillas al día», y que, aunque no están homologadas para la actividad sanitaria «sirven para todos los que trabajan de cara al público», una manera de ayudar al abastecimiento de este bien tan preciado en estos momentos.

Además, alega que en Calamocha la situación se está llevando «con mucha responsabilidad». Los supermercados están abiertos, pero también se han «restringido los horarios».

Quizás sea porque «esta generación, de personas mayores de 65 años, han sido siempre los más sacrificados, en todos los aspectos. Ahora son también los más responsables», argumenta la presidenta de FADEMUR Aragón.

Merche, en Frula (Huesca), tiene 65 años, ha trabajado como ama de casa toda su vida, aunque la costura, que es su pasión desde que tiene recuerdo, también se convirtió en «una forma de ganar dinero».

Fue su bisabuela la que le enseñó, recuerda, y tras los primeros pasos con esa aguja que le «domina» pasó a recibir encargos tanto de particulares como de fábricas: muñecos de trapo, patchwork, batas, chándales y un largo etcétera.

Cuando habla de la costura sus palabras evocan amor, entusiasmo, «me evado del mundo en el momento que tengo aguja e hilo en la mano. Si tuviera más material empezaría a hacer batas», afirma con fuerza Merche, que realiza «unas catorce mascarillas al día» con sábanas de algodón de cuando se casó y que «ya no se usarán».

En Frula son «seis o siete mujeres», pertenecientes a la Asociación de Amas de Casa San José de Pignatelli y Santa Águeda, las que actualmente cosen mascarillas que más tarde donarán a las residencias de la zona, en las que “ya hay contagiados», afirma Merche.

Sin embargo, aunque atemorizada por lo que podría pasar, le alivia el hecho de vivir en un pueblo, donde puede salir «al corral» cuando hace buen tiempo y, aunque no tiene a todos sus seres queridos cerca, todas las noches se reencuentra con sus nietos a través de la pantalla.

María Ignacia, Conchi y Merche continuarán, como muchas otras mujeres, a coser mascarillas durante su confinamiento; a hacer, dentro de sus posibilidades, un mundo mucho mejor; a ser ejemplo de solidaridad en los tiempos del coronavirus.

⇒Agradecemos infinitamente la cesión de este reportaje de Fademur Aragón, Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales, a La Voz de las Costureras. Un magnífico texto que refleja la solidaridad de la mujer, en este caso, procedente de la esfera rural. 

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