Martina en el Pais de las Hadas episodio numero LIII
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Martina en el País de las Hadas (LIII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

La casa de Nieves se llenó de aires de fiesta cuando les comunicó a sus tías que Sebastián le había confesado su amor, y que éste era correspondido. El joven José Luis se alegró ruidosamente por su hermana y Ricardo esbozó una tenue sonrisa de padre.

La maestra se alejó del bullicio y se fue al cuarto de costura a unir definitivamente los últimos cuadros de la manta que tejía desde los cinco años en honor a su madre. Mientras se quedaba adormecida en la silla en la que trabajaba, pensó que había llegado el momento de tejerle otra a su abuela Purificación, que había fallecido hacía ya demasiados años.

El ganchillo se le escurrió de entre las manos cuando hizo el último remate. Dejó que el sueño se apoderara de ella. Un instante antes de que se quedara definitivamente dormida, pudo ver cómo unas figuritas aladas se daban la mano. Eran dos pequeñas y amables hadas que la miraban satisfechas de ver a Nieves convertida en una mujer plena y feliz.

—Es duro crecer sin una madre—, dijo la mayor de ellas.

—También es muy difícil superar la pérdida de una abuela como tú—, aseveró el hada más joven con una sonrisa en los labios.

—Por fin nuestra niña es feliz. Lleva triste toda su vida, menos mal que la ilusión del amor la ha ayudado a encontrar la felicidad—, continuó Martina en su diminuta forma de hada. La madre miró a su hija, que ya estaba dormida en la silla donde tantas veces ella misma había tejido, cosido, charlado, reído… era la estampa más preciosa que una madre puede contemplar: la de sus pequeños convertidos en adultos plenos y felices.

La posibilidad de ejercer el oficio de maestra, con el que soñaba desde niña, había sido el primer paso hacia la plenitud de Nieves. Y la sanación que procuraba el amor puro y correspondido lo había completado. Martina sabía de primera mano que las personas solamente son felices si aman y son amadas. Por sus padres, hermanos… y por la persona que eligen para compartir su vida. Ella misma había amado a Ricardo con todo su corazón, y deseaba desde su pequeño cuerpo de hada que el que fue su compañero encontrara alguien que le hiciera feliz de nuevo.

Martina y Purificación se tomaron de la mano de nuevo. Alzaron el vuelo y salieron de la habitación, satisfechas de ver cómo Nieves y José Luis encontraban poco a poco el camino hacia el bienestar. Los niños ya no las necesitaban, pero velarían por ellos toda la vida.

 

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