Martina en el Pais de las Hadas episodio numero XXXVII
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Martina en el País de las Hadas (XXXVII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

Nieves dejó de ser una niña de montaña que tejía una manta en honor a su madre fallecida. Su lugar lo ocupó una adolescente madura que pasaba los días sin ilusión alguna.

La muchacha seguía siendo una aplicada estudiante, una buena madre sustituta para su hermano José Luis, una productiva costurera y tejedora. Aunque resultaba evidente para todos sus allegados que se había dejado el alma por el camino.

Nieves era su nombre y el manto blanco que cubría su alma le llevó a tejer todo con el níveo color. No importaba si confeccionaba un tapete, o tejía una chaqueta, o perfeccionaba su manta de homenaje. Todo era blanco. A la otrora alegre niña montañera el luto le vino en forma de ausencia de color.

La tía Conchi la tentaba de cuando en cuando con los manjares caseros que sabía que la chica adoraba, con la intención de ver una chispa de emoción en su mirada. Pero todos los intentos eran fallidos. El corazón de Nieves estaba tan fragmentado desde que explotó al ver a su abuela muerta, que no era capaz de sentir nada.

La muchacha no daba señales de emoción alguna. Una etapa blanca como su nombre, como la montaña que la vio nacer, como su espíritu bondadoso. No había ni color ni calor en su rostro ni en su cuerpo.

El dolor llevado al extremo le había arrebatado la capacidad de sentir.

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