Martina en el País de las Hadas, episodio número 17
Martina en el País de las Hadas

Martina en el País de las Hadas (XVII)

Autor de la fotografía: http://www.viktorhanacek.com/

—Ven, cariño, nos queda mucho traje por hacer—. La abuela Purificación animaba cada día a su nieta a continuar en la confección de su traje de comunión. Pronto le tocaría comulgar y quería estar lo más guapa posible. Confiaba en que su hada-mamá pudiera esconderse entre los bancos de la iglesia para estar con Nieves ese día tan importante para ella.

El trabajo del colegio, las tareas de casa y la confección de su traje de comunión la tenían alejada de la confección de su manta de homenaje a su madre. Esperaba que eso no entristeciera a la beneficiaria del regalo, porque tenía muchas ganas de honrarla y volver a verla.

A pesar de que Nieves era extraordinariamente madura para su edad, seguía siendo una niña. El corazón de la pequeña era soñador y en ocasiones le daba pereza emprender tareas que la aburrían, como coser a mano todos los detalles de su vestido. La niña tenía el deseo de ir impecable a su cita con la iglesia, pero también tenía ganas de salir a jugar y llenarse de barro jugando a la pelota.

Purificación entendía el ánimo de su nieta, y eso le hacía sonreír desde lo más profundo de su corazón. No se le podía pedir más a una niña de nueve años. A un proyecto de mujercita que cada día mostraba más gestos de su mamá. La niña era una bella mezcla de sus padres, pero Purificación no podía evitar buscar los detalles de su hija en su amada nieta. Era algo que no podía evitar y que la reconfortaba. A pesar de que se había recompuesto para seguir adelante, una parte de su ser se fue para siempre con su hija Martina. Una parte de su alma había sido amputada, y sentía que hasta que no se reuniera con su hija en el País de las Hadas no volvería a estar entera.

La abuela encomendó una tarea sencilla a Nieves. La niña obedeció con las manos aunque no con su espíritu, que debía andar vagando por las campas cercanas a la casa. Purificación sonrió.

— ¿Sabes? Hace un día muy bueno, creo que podemos terminar esta tarea otro día.

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¡Felices labores!

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