Sergio, el sastre zaragozano de Maestros de la Costura - La Voz de las Costureras
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Sergio, el sastre zaragozano de Maestros de la Costura

«Con 16 años, de los forros que tenía mi padre de cachemir me hacía pantalones de chándal, hoy lo llamarían marcar tendencia»

Foto: RTVE.

A pesar de su destreza con la máquina, un mal día quiso que Sergio, uno de los mejores costureros del programa de RTVE Maestros de la Costura, resultara expulsado muy cerca de la final. Sastre hijo de sastre, este zaragozano dejó su pragmática impronta en un programa de talentos al que acudió con el sencillo y a la vez complicado sueño de la estabilidad. Un deseo nada fácil en un sector en el que los costes priman sobre las costuras, pero que a Sergio le gustaría lograr a través de un taller como aquel que un día ayudó a sacar adelante con su familia.

Sergio aprendió el oficio con su padre, sastre de profesión especializado en el manejo de la piel, aunque la evolución del sector textil le forzó a buscar otros caminos profesionales. Una circunstancia que comparte con muchas otras costureras y costureros expertos que han perdido su empleo en un mundo cada vez menos preocupado por una buena confección. «La mayoría de las empresas buscan abaratar costes, buscando la confección fuera de España. Además, ahora gran parte del mundo de la moda se centra en el diseño y no en la costura, cosa que es un error, ya que al fin y al cabo lo importante en una prenda es que este bien ejecutada, sea un chándal o un traje de noche», explica el concursante.

Las grandes empresas buscan abaratar costes para un sector creciente de consumidores que quieren prendas económicas con las que renovar sus armarios cada temporada. Una realidad incompatible con el modo de hacer de aquellos años en los que Sergio cosió codo con codo con sus padres en su taller de la calle Amado Nervo de Zaragoza. Unos tiempos de los que añora «el oficio y la tradición de hacer prendas artesanales. Recuerdo la exigencia que se nos pedía a la hora de elaborar las prendas. Eso es lo que me gustaría que volviera a este mundo de la moda y de la costura, que se valorara y se enseñara», comenta.

Un bagaje profesional que Sergio demostró en cada puntada durante su paso por Maestros de la Costura hasta el día de su expulsión en el octavo programa. «Todos en un momento dado tenemos un mal día. El mío fue ese, y por desgracia la prueba no me acompaño», recuerda. Una salida que se sintió en redes sociales, pero que no le impidió obtener un saldo positivo de la experiencia televisiva. «Me quedo con mis once compañeros, con tres grandes de la moda española que he conocido, y de los que he aprendido mucho, con Raquel, una gran profesional y persona, y todo el equipo tanto técnico como humano del programa. Como aprendizaje me llevo la experiencia de haber cosido prendas que jamás pensé que sería capaz de coser», apunta.

El sastre tranquilo

El pragmatismo del zaragozano siempre fue un reconfortante contrapunto en el programa. Una sensación de pies bien anclados en la tierra que puede que condicionara su salida antes de la final. «Yo llegue al programa sin haber visto más que retazos de la primera edición, ya que trabajaba por la noche. No obstante, yo he sido como soy, aunque lo que me preocupaba era la visión que mi familia pudiera tener de mí. Por ese lado estoy tranquilo, porque todos han visto al Sergio que conocen», manifiesta.

La sensatez del concursante, ejercitada a golpe de realidad, no está reñida con la capacidad creativa. De hecho, tal y como recuerda, «con 16 años, de los forros que tenía mi padre de cachemir, yo me hacía pantalones de chándal, y la gente se me quedaba mirando por la calle… hoy lo llamarían marcar tendencia», ironiza.

El zaragozano creció entre retazos de costuras, con el sonido de la máquina de coser inscrito en todas las células de su cuerpo. El concursante empezó a coser cuando su padre le puso en la tesitura de decidir entre trabajo o estudios, pero lo cierto es que la costura ya estaba dentro de él desde niño. «Desde pequeño veía tanto a mi madre como a mi padre en casa cosiendo en una pequeña habitación que teníamos. Cogía los alfileres que se caían a puñados, cosa que les hacía reír a carcajadas. Esos recuerdos hicieron que me llamara siempre la costura», recuerda.

Sergio llegó a Maestros de la Costura con el sueño de revivir esos años en los que el oficio artesano que le transmitió su padre era buscado y valorado. Y a través de los ocho programas en los que participó pudo dar a conocer, no sólo su saber hacer, sino también su visión sobre el oficio y sobre la vida. Una participación querida y recordada por unos espectadores que vieron en el aragonés una parte de sus circunstancias y sus recuerdos.

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